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 Quienes pensamos y vivimos la educación superior debemos evitar la lamentable polarización que la política nos ha trazado como si fuera una perjudicial característica cultural. Ya está bien de Uribistas o Petristas, de derecha o de izquierda, de ricos o pobres, de ciudadanos o de provincianos… El único descriptivo por el que debemos empoderarnos con orgullo es el de “colombianos”.

Digo esto porque una situación similar se presenta, erróneamente, en educación superior. Hay unos que tienen una mirada anticuada y otros que creen que la academia sólo comienza con ellos. Ambos han caído en el odioso juego de comparar y competir, como si eso fuera lo importante, entre presencialidad y virtualidad.

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La pandemia y la urgente e improvisada adaptación de la docencia presencial tradicional para continuar con ayuda de tecnología instruccional, han visto aparecer algunos personajes autoproclamados “expertos” en metodologías, bien sea presenciales o virtuales.

La realidad es que este debate va más allá de lo académico, y estos personajes no se atreven a decirlo: Se trata de la búsqueda afanosa de estudiantes, en un momento en que la demanda a programas tradicionales viene en picada.

¿Quiénes son? Por un lado, algunos son rectores de universidades (con prestigio opacado por los años sin renovación a fondo en los métodos de enseñanza), que pierden estudiantes que están migrado a la virtualidad. De otro lado, están los “nuevos expertos” de la virtualidad, más vendedores que académicos, que creen que para estar a tono con la pandemia basta con adaptar una sencilla plataforma LMS y usar palabras técnicas para mostrar su sapiencia y conquistar nuevos estudiantes.

La UNAD se piensa más allá de esa dicotomía. Hace ya 39 años (que cumplimos en agosto), la UNAD nació para innovar y ser una alternativa social, de calidad, para colombianos que no tenían las posibilidades de acceder al entonces dominante modelo de la presencialidad.

Han sido casi cuatro décadas de intenso trabajo, de diseñar un modelo pedagógico solidario -único en un sistema con 300 instituciones de educación superior-, de hacer investigación pedagógica y tecnológica para adecuar nuestro modelo a las mejores condiciones de aprendizaje de los colombianos, y de demostrar que es posible llevar educación con calidad a través de escenarios sincrónicos y asincrónicos. Si bien nos caracteriza usar tecnología para el aprendizaje a distancia, también promovemos encuentros presenciales, y para ello hemos hecho millonarias inversiones en centros, sedes y laboratorios, para que más de 130 mil estudiantes, tengan dónde compartir y reforzar presencialmente su aprendizaje en la interacción con sus pares.

Así, nuestro crecimiento en estudiantes, en presencia con programas de calidad, en reconocimiento nacional e internacional (por algo presidimos la Asociación Colombiana de Instituciones de Educación Superior con programas a Distancia – ACESAD, y la Asociación Iberoamericana de Educación Superior a Distancia - AIESAD), y la consolidación de una multitudinaria familia Unadista que nos reconoce en los más de mil municipios del país, nos enorgullece, aún más, de ser colombianos.

Sólo hasta hace pocos meses finalmente nuestro sistema de educación superior reconoció, a través del Decreto 1330 de 2019 y del Acuerdo 02 del CESU, de 2020, sobre acreditación, que no todas las instituciones de educación superior son iguales y que opciones como la virtualidad, bajo el modelo UNAD, tienen plena validez. Esa fue una “lucha” que debimos liderar -solos- por décadas.

Paradójicamente hay que reconocerlo, pero ha sido en parte “gracias” al coronavirus como la educación presencial ha encontrado y valorado la virtualidad como un complemento óptimo para su realización. Y hoy muchos de quienes de forma despectiva, petulante y ciega menospreciaban la educación virtual (entre ellos altos directivos de la educación superior y hasta del Estado), han debido guardar sus palabras. Otros, afortunadamente, con gallardía han reconocido su sesgo y han valorado el nuevo escenario.

Tanto el rector que escribe, como vicerrectores y decanos, hemos sido invitados a muy diversos escenarios para hablar del “éxito” de la UNAD en virtualidad, frente a la presencialidad. Lo agradecemos, pero eso no es lo nuestro. Nos alegra que se estén valorando los beneficios de la tecnología al servicio de la educación, sin necesidad de ser estigmatizados y minusvalorados como nos pasó en la UNAD por años.

Nuestra mirada está fija en otros escenarios. La reflexión, para la UNAD, supera el innecesario debate entre presencialidad – virtualidad. Valoramos profundamente ambos escenarios y, claramente la realidad de los egresados, el reconocimiento laboral y los estudios actuales nos dan argumentos para defender más lo segundo que lo primero, sin dejar de reconocer el valor de lo presencial. Apostamos a seguir yendo más allá en prácticas innovadoras, en desarrollos de tecnología propios que favorezcan la relación docente-estudiantes y el aprendizaje; nos comprometemos con la Colombia que si no fuera por nosotros difícilmente podría tener educación en todos los niveles, y nos preocupa y tocamos “n” puertas para que la Nación entienda la importancia de dar más y mejores garantías de acceso, matrícula, conectividad, permanencia y graduación en más y nuevos programas que brinden más posibilidades de desarrollo social.

Si quieren polarizarnos, pueden hacerlo muy fácil en otros ámbitos: sólo deben ubicarnos en el extremo más alejado a la ignorancia, a la soberbia, al clasismo, al desempleo y a la violencia.

Atentamente,

Jaime Alberto Leal Afanador

Rector

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