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Octubre 2020. Hace muchos años escuché la historia de un cura, quien había sido vulnerado en su dignidad por parte de una parroquiana de su iglesia a la que él no pudo hacerle un favor por ella solicitado. Por esta razón, la señora de marras inventó la historia del cura ladrón y se encargó de difamar ante toda la comunidad lo aberrante e inescrupuloso del mencionado párroco. Los superiores del cura le sancionaron y enviaron a un pueblo lejano por muchos años, hasta cuando la verdad se supo y fue reintegrado a sus funciones en la parroquia donde residía la mujer. Ésta, arrepentida por lo hecho, fue a confesarse ante el propio cura. El cura le pidió a la señora que fuera a casa de ella, tomara una almohada de plumas, la desbaratara y subiera al tejado para desparramar las plumas. Le pidió también que, una vez que hubiera hecho eso, volviera al confesionario. La mujer, sin pensarlo dos veces, hizo lo solicitado y volvió para escuchar la penitencia final por su grave pecado, y el cura le dijo: “Hija mía, ahora como penitencia deberás recoger todas las plumas de la almohada, deberás volverlas a armar y a coser para que la almohada vuelva a ser cómoda, como antes”. La mujer, sorprendida, le dijo que ello era imposible y el cura le respondió: “Lo mismo has hecho tú con mi dignidad. Será imposible rescatarla ante todos los que me enjuiciaron sin razón”.

Esta historia me permite contextualizar la siguiente:

En diciembre de 2018 la Procuraduría General de la Nación decidió, en una investigación de primera instancia, sancionarme e inhabilitarme como rector de la UNAD por 12 años.

Entonces, se me acusó de, supuestamente, ir contra la ética del servicio público, ejercer tráfico de influencias y destinar recursos públicos de forma indebida.

Respaldado por la comunidad universitaria y convencido de mi inocencia, de que el proceso jurídico presentaba fallos procedimentales, tales como el no habérseme escuchado debidamente, y de que las denuncias que originaron dicha investigación estaban impulsadas por contradictores de mi gestión, que aspiraban a tener el respaldo de la comunidad Unadista y del honorable Consejo Superior Universitario para poder dirigir a la UNAD, sin que esto se diera, decidí, avalado por los recursos que da la ley, no apartarme de mi cargo y asumir la debida defensa.

Pude explicar mis actuaciones ante el Ministerio Público, y éste decidió, la semana pasada, en fallo de segunda y última instancia, absolverme de todos los cargos al demostrar que no vulneré el régimen de inhabilidades e incompatibilidades, y que no actué en contra del derecho. 

Así, cesan todos los efectos legales que pudieran connotar un manto de duda sobre la integridad de quien escribe estas notas (calumniado y vilipendiado reiteradamente en escenarios como redes sociales), pero, sobre todo, reivindica la imagen de la UNAD como una comunidad de estudiantes, académicos, investigadores, administrativos, egresados y directivos, entre otros muchos, que en su muy inmensa mayoría (vale recordar que somos más de 150 mil personas) de forma generosa han confiado en el compromiso, el servicio y los pocos o muchos conocimientos de Jaime Alberto Leal Afanador para liderar la organización, en calidad de rector.

No he sido, soy, ni seré corrupto, como quisieron mostrar mis acerrimos críticos día a día. Y tampoco son ingenuos, ignorantes ni cómplices quienes me han acompañado durante estos años en la apuesta por hacer de la UNAD la más grande opción de educación superior para los colombianos.

No predico la moral, pero actúo con corrección, y han sido Dios, la justicia colombiana, el equipo de juristas, el tiempo, los amigos y las adversidades -como esta- los que han demostrado que vamos por el camino indicado. Los resultados de nuestro colectivo trabajo diario e intenso, hablan por nosotros. Los fallos de la justicia humana (aunque esta cojee) y de la justicia divina, que tarde que temprano se hace visible en las mentes y los corazones, impulsan y gratifican nuestro obrar.

En estos 22 meses que duró el incómodo manto de duda que algunos quisieron sembrar de forma permanente, hemos demostrado como equipo Unadista con los  líderes nacionales y regionales de la Universidad -vicerrectores, directores zonales, gerentes, decanos, directores de programa y toda una plataforma humana-, que atrevernos a innovar en  la gestión universitaria rompiendo paradigmas para llegar a más y más  colombianos, con modelos pedagógicos diferenciales y de garantía de alta calidad, puede generar molestias y ampollas en los amigos del statu quo educativo, y del pretendido uso de una institución de la grandeza de la UNAD para fines políticos y del perjudicial clientelismo.

En estos 16 años, desde 2004 cuando llegué como rector, hemos afianzado los indicadores de calidad educativa de nuestros programas y servicios; crecido en demanda, permanencia, retención y promoción como ninguna otra universidad colombiana, confirmándonos como la única megauniversidad del país. Hemos modernizado la estructura organizacional con nuevos escenarios normativos y estatutos; estamos actualizando los diversos reglamentos; creamos el Observatorio Intersistémico Regional OIR; presentamos el Sistema Universitario Abierto SUA; ideamos el Instituto Técnico Profesional ITP, proyectamos el Centro de Altos Estudios para la Cualificación Humana -COACH, y avanzamos muy positivamente en procesos de aseguramiento de calidad, entre otros muchos logros. Y venimos trabajando, calladamente, en importantes nuevos logros, que pronto anunciaremos.

“Ladran Sancho, luego cabalgamos” es la sentencia que se acostumbra a decir cuando llegan las críticas, calumnias o piedras en el camino, que se ponen a quienes avanzan en su propósito. Esta frase (que algunos atribuyen a Miguel de Cervantes, en el Quijote de la Mancha, y otros a Goethe en su poema “labrador”), describe el ánimo que refleja lo que hoy vive la UNAD en el concierto nacional e internacional.

Las insensatas acusaciones recibidas, así como el maltrato verbal al rector no afectaron a la Universidad y, por el contrario, hoy todos los miembros de la Comunidad Unadista, independientemente de su nivel de vinculación, pueden sentirse aún más orgullosos de ver el avance de nuestro metasistema, por los logros institucionales, y por más colombianos educados. Ser reconocidos por Great Place to Work por el excelente ambiente laboral, y habernos ubicado en el primer lugar en el más reciente reporte sobre la gestión y el desempeño institucional de Función Pública, no son producto del azar.

La situación jurídica que libré favorablemente no ha sido la primera. Espero sí que, ojalá, sea la última, aunque es difícil creerlo, pues los rivales y enemigos ganados en esta causa no son académicos, no discuten con argumentos y no se inclinan humildemente ante la verdad, sino que sus vanidades y ambiciones personales los lleva a actuar con engaño, resentimiento, odio, ira y traición.

Lo más importante es que, como UNAD, independientemente de que yo sea o no su rector, el modelo de gestión metasistémica, el trabajo en equipo, los modelos de reticularidad, fractalidad y heterarquía, entre otros, aprendidos, reconocidos y aceptados por nuestra comunidad universitaria como factor estratégico de éxito, acompañados por el amor a la Patria y alejados de intereses políticos y personales, sea lo que caracterice hasta siempre a esta Universidad.

No ha sido un trabajo fácil. Por el contrario, ha sido muy exigente y de largo aliento. Cada cuatro años, desde 2004, la comunidad académica ha respaldado mis propuestas programáticas encadenadas desde la planificación y la prospectiva estructural para hacer lo que dice ser: una universidad comprometida con Colombia, y estos resultados no son producto de los últimos 22 meses, sino de las semillas sembradas y regadas, con dedicación y convicción, desde los idearios de aquel lejano 1981 cuando se creó Unisur, nuestra precursora.

A algunos les ha generado rabia, molestia, envidia, sed de poder, no dirigir la Universidad, pero créanme que esto no es tarea fácil y que muchas veces implica no tener otra alternativa que afianzar la causa social educativa al servicio de las mayorías y luchar con las restricciones propias de la universidad pública.

Pero cuando hay una razón para servir, las molestias se llevan con resignación y la tenacidad cobra fuerza, asimilando la célebre frase del filósofo alemán Friedrich Nietzsche “quien tiene un porqué para vivir, encontrará el cómo”. Y ese cómo ha sido la consolidación de la cultura Unadista de trabajo constante, integridad y servicio al país, como lo es la convicción de cientos de líderes que hoy festejan esta decisión de la Procuraduría.

#MásUnadMásPaís no es solo el nombre del plan rectoral, sino una convicción institucional. La UNAD es la universidad de todos los Unadistas, de todos Ustedes,  de todos aquellos colombianos y colombianas que quieran pasar por nuestra puerta siempre abierta. A todos ellos, al gran jurista Carlos Gómez Pavajeu, a los abogados de la UNAD encabezados por las doctoras Constanza Vanegas, Leslie Narváez y Alba Luz Serrano, entre otros destacados abogados, un inmenso agradecimiento por la rigurosidad del análisis y el debate legal. También, a nuestra comunidad por no ceder a las habladurías, intrigas y por darme un inmerecido apoyo, pese a mis humanos errores, en la intención de dirigir correctamente la Institución.

Ninguna acusación que se me ha hecho en mi carrera como servidor público y como rector ha estado afincada en la realidad y, por lo mismo, en todas las investigaciones he salido indemne en los juicios emitidos por la Justicia Colombiana y los Organos de Control, y por ello doy testimonio firme de su objetividad y transparencia.

Gracias por su confianza. ¡En mi fe, pido a mi Dios que compense su generosidad y su apoyo y siga bendiciendo a sus familias y, por supuesto, a la mía, a la que tanto debo! 

 

Atentamente,

Jaime Alberto Leal Afanador

Rector

En Bogotá D.C. (Colombia) Tel: (+57)(1)375 9500  Línea gratuita nacional: 01 8000 115223
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