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Defensores de la presencialidad critican la virtualidad y limitan la inclusión educativa. Una invitación al Gobierno a apoyar la educación a distancia en su real dimensión. 

Marzo 2021 

En medio de la difícil afectación que ha dejado la pandemia, ésta ha creado un momento histórico para la educación superior; un alto en el camino para reflexionar sobre cómo impactar mejor, ser más incluyente, con calidad y pertinencia.

Nuestra educación superior tiene falencias de cobertura y presencia del Estado, entre otros, y la experiencia del último año debería congregarnos como sector (altos funcionarios del Gobierno, rectores, académicos, ONGs...) a repensar la educación, para que ésta (presencial o virtual), esté al alcance de todos, especialmente de quienes han sido excluidos.

Hasta ahora la educación se ha pensado como producto del interés particular de instituciones y no como proyecto de país. Académicos, columnistas de prensa y rectores de universidades tradicionales presenciales, cuestionan sin un riguroso criterio, la educación virtual. Seguramente, intentan convencer a las autoridades para retornar a las aulas físicas y continuar con lo mismo que siempre han hecho, sin tener en cuenta que las competencias y desafíos de la sociedad del conocimiento y la evolución tecnológica demandan una transformación radical de la institucionalidad educativa.

Cuestionan la virtualidad y dicen que ésta no ofrece los beneficios de la presencialidad, con lo que pierden el foco de lo fundamental: La necesidad de transformar las maneras de enseñar, investigar e innovar. Su afán de ver aulas físicas llenas los ha llevado a crear cortinas de humo, pues la solución al problema no está en un inocuo enfrentamiento entre pro-presenciales y pro-virtuales, sino en una actitud que permita enriquecer su presencialidad con ayuda de la tecnología y de las nuevas pedagogías y didácticas. Mientras buscan afanosamente volver a la presencialidad, miles de sus estudiantes que tenían y que este año han interactuado y se han sorprendido con el aprendizaje en línea, están considerando abandonarlos, porque sus costos, horarios y modelo no satisfacen las mismas dinámicas y beneficios que han hallado en la virtualidad. 

Muchos de estos quienes he llamado representantes de la “ortodoxia educativa” han hecho insulsas críticas a la virtualidad. Nos descalificaron (y hablo en primera persona, como rector de la UNAD, presidente de AIESAD y de ACESAD y actor de la educación virtual) y han inoculado mentiras sobre la educación a distancia, tanto que funcionarios y organismos de política pública, han creado obstáculos para impedir la consolidación de ésta.

Pero no hay mal que por bien no venga. La pandemia aceleró la historia y demostró que lo virtual responde a lo que modernidad demanda, y que, si no hubiera sido por ésta, la humanidad se hubiera sumido en una crisis educativa, social y económica sin precedentes.


 Se imaginan ustedes hoy la pandemia sin la internet y las plataformas que nos conectan, para estudiar.


 A pesar de los desaciertos en la forma como estas instituciones tradicionales han entendido y aplicado la virtualidad en la emergencia, hoy miles de estudiantes y profesores del modelo que la pandemia relegó, están alcanzando competencias y experimentando realidades formativas que difícilmente hubieran adquirido en el modelo presencial. Tristemente, también es cierto que aún hay miles de jóvenes que carecen o sufren de una mala educación por la inequidad, la exclusión histórica y la falta de conectividad.

Han subestimado la formación a distancia y virtual, identificándola como educación pobre para pobres, de baja calidad y sin rigor. Sugerían que ésta no era digna a sus métodos, y que nada reemplazaría la relación presencial y la enseñanza acompañada de un rígido esquema de horarios, docentes, aulas, libros físicos, campus físicos y actividades de bienestar, entre otros. ¡Qué equivocados han estado, y qué oportunidad les han negado a generaciones enteras!

No despotricamos de la educación presencial para mostrar los beneficios de la virtual, como los ortodoxos de ésta lo han hecho en sentido contrario. Tristemente estos han hecho mucho daño a la formación a distancia con la improvisación que hoy realizan, tras la emergencia por la pandemia.

Un año después que las instituciones presenciales han vivido traumatismos, retrasos, pérdida de estudiantes, inversiones no planeadas en tecnología y desespero por una normalidad que nunca será como antes, muchos de esos críticos aún no reaccionan ni adoptan los cambios que sus estudiantes y profesores esperan. Otros, afortunadamente, han reconocido la miopía de su crítica y admitido que la educación a distancia no es, como creían, “soplar y hacer botellas”.

Ahora bien, ¿por qué si la pandemia desplazó estudiantes presenciales a programas virtuales, no todas las instituciones con educación a distancia han crecido como la UNAD.?

Con orgullo debo decir que en la UNAD vamos mucho más allá y potenciamos la docencia, la investigación y la extensión. Campo UNAD, el Observatorio Sistémico Regional, el Sistema Universitario Abierto SUA, los sistemas de educación permanente y continuada, el Instituto Virtual de Lenguas, la proyección extracontinental de la UNAD y el naciente ITP o Instituto Técnico Profesional, entre otros desarrollos Unadistas, confirman que una comunidad académica comprometida y potenciada con la tecnología puede ir mucho más allá de lo que uno o dos siglos de educación tradicional pueden dar.


Nuestra consolidación y crecimiento en estudiantes en este año de pandemia (en 1.016 de los 1.130 municipios), así como de los indicadores de retención y permanencia confirman que en la UNAD vamos por el camino correcto.


También, el compromiso, calidad, experiencia y gestión de nuestros líderes ha confirmado que con la educación virtual no se improvisa. Serán 40 años (en agosto los celebraremos) dedicados al tema, con investigación, plataformas tecnológicas propias, escenarios asincrónicos y sincrónicos con interacción presencial, y una red de centros propios en todo el país para la inclusión, la calidad y la pertinencia.

La apuesta por la educación virtual y a distancia, así como el trabajo permanente ha llevado a que cada vez sea más popular la idea de que ésta no es fácil, y que implica tiempo, compromiso, disciplina y rigor. Por lo mismo, valoramos el esfuerzo de cientos de miles de colombianos que, en medio de sus limitaciones e históricas exclusiones, apuestan a superarse con nuestro modelo educativo.

Avanzar como lo hemos hecho no ha sido fácil, y nos ha demandado una cuantiosa inversión económica, pese a que el Estado no ha valorado debidamente nuestro aporte. Espero que los hacedores de política pública en educación vengan a la UNAD y lo comprueben, así como periódicamente lo hacen los pares académicos del Ministerio de Educación y el CNA.

Reitero la invitación a la señora ministra María Victoria Angulo y al viceministro de Educación Superior, Maximiliano Gómez, misma que extiendo a los consejeros del CNA y de Conaces, al CESU, a los directores de las diversas asociaciones de IES y a los rectores y sus equipos para que nos visiten, conozcan nuestro modelo y dialoguemos, para potenciar sinérgicamente la virtualidad al servicio de más y mejor educación para Colombia.

La UNAD continúa al servicio de Colombia, y ojalá los ortodoxos entiendan que esto no es un asunto de blanco o negro, de presencial o de virtual, sino de pensar en más compatriotas educados para el crecimiento de la Nación.

Por eso nuestro eslogan de #MásUNADmásPaís, cada vez es más vigente.

 

 

Atentamente,

Jaime Alberto Leal Afanador

Rector

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