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Pensar para volver a empezar: educación filosófica y reinserción social
Hablar de educación en las cárceles nunca ha sido fácil. Entre la estigmatización, el hacinamiento, la falta de recursos y la idea equivocada de “encerrar y olvidar”, la formación casi siempre queda relegada. Pero en 2023, algo empezó a moverse desde un lugar inesperado: la filosofía, en formato virtual, llegó a dos centros penitenciarios de Colombia y Argentina.
La UNAD, desde la ECEDU y en alianza con el proyecto internacional BOECIO, decidió llevar talleres filosóficos a personas privadas de la libertad (PPL). Y aunque suene poco común, esa mezcla funciona. No solo porque la filosofía invita a pensar, que ya es mucho, sino porque lo hace desde un espacio que casi nadie considera en el sistema penitenciario: la dignidad.
La filosofía como gimnasio mental
Los talleres BOECIO no son clases teóricas. No son conferencias. No son debates académicos. Son entrenamientos, exactamente como un gimnasio, pero para la mente.
Cada sesión combina análisis de experiencias previas, ejercicios prácticos, explicación teórica y una actividad semanal para fortalecer hábitos reflexivos. Este método, inspirado en el estoicismo y en la filosofía experiencial, trabaja habilidades como:
- Autocontrol
- Pensamiento crítico
- Toma de decisiones
- Reflexión sobre la propia vida
- Ética y responsabilidad
El objetivo es claro: formar hábitos que permitan a los participantes reorientar su conducta y entender su propia vida desde nuevas coordenadas, y hacerlo virtualmente les permitió algo clave: entrar a lugares donde la presencialidad simplemente no es posible.
La virtualidad abrió la puerta… pero también mostró las grietas
La experiencia virtual tuvo un impacto inmediato: permitió llevar formación a cárceles de difícil acceso y aumentó la inclusión educativa, pero también dejó ver la realidad del sistema penitenciario:
- Un computador para 20 personas
- Conexiones inestables
- Poca familiaridad con tecnologías
- Supervisores que tampoco dominan las TIC
- Sesiones interrumpidas por fallas técnicas
En teoría hablamos de educación virtual; en la práctica, hablamos de hacer mucho con casi nada. Aun así, los talleres se sostuvieron, porque más allá de la tecnología, lo que estaba en juego era algo mucho más profundo: ofrecer oportunidades reales de resocialización.
¿Por qué las TIC importan tanto en la cárcel?
El artículo: “Educación filosófica virtual para la reinserción social de personas privadas de la libertad” de la revista Educat, es claro: limitar el acceso a las TIC no solo afecta el aprendizaje, sino que agrega una nueva forma de exclusión. Una persona que sale después de años de encierro debe enfrentarse a una sociedad profundamente digitalizada; sin habilidades tecnológicas, esa transición se vuelve casi imposible.
Y aquí aparecen dos gigantes del pensamiento: Martha Nussbaum y Amartya Sen.
Ambos defienden la idea del desarrollo humano integral: las personas necesitan oportunidades reales para desarrollar capacidades, tomar decisiones y vivir una vida digna.
Si a una PPL se le niega el acceso a la tecnología, por miedo, estigma o prejuicio, también se le quita la posibilidad de reintegrarse. No estamos hablando de privilegios. Estamos hablando de derechos.
La Corte Constitucional lo ha dicho: el acceso a la información es un derecho restringido, no suspendido. Es responsabilidad del Estado y de las instituciones garantizarlo.
Reinserción no es solo salir. Es volver a vivir.
El proyecto BOECIO plantea algo más profundo que la clásica “resocialización”. Plantea la desinserción de los patrones que llevaron a cometer el delito: ideologías, normalizaciones, formas de interpretar la vida que empujaron conductas dañinas.
Y para eso, la filosofía funciona sorprendentemente bien, no como teoría… sino como práctica cotidiana: repensar decisiones, reconocer emociones, cuestionar convicciones, asumir responsabilidad. Eso, en un contexto de encierro, es un giro total.
Entonces… ¿se debe ampliar el acceso a TIC para las PPL?
El artículo da una respuesta firme: sí, pero con regulación adecuada. No se trata de abrir internet libremente, se trata de permitir acceso formativo, ético y controlado, que contribuya genuinamente a la reinserción social.
La pregunta clave ya no es “¿deberíamos permitirlo?”. La pregunta es: ¿cómo garantizar este acceso para que realmente aporte al desarrollo, la dignidad y la libertad futura de quienes hoy están privados de ella?
Lee el artículo completo en: Educación filosófica virtual para la reinserción social de personas privadas de la libertad


