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El Rector Opina 

Si hace unas pocas décadas alguien dijera que era posible aprender, muy bien, música a través de la virtualidad, le hubieran tildado de loco, pues no había mediaciones virtuales, softwares y mecanismos de acompañamiento adecuados para las necesidades del aprendizaje musical.

Decir eso mismo actualmente constituye una demostración de profunda ignorancia y de desconocimiento de cómo la tecnología representa una de las mejores estrategias didácticas para aprender un arte como lo es la música.

En medio de la adversidad de la pandemia que enfrentamos, hemos podido redescubrir la creatividad y la potencialidad de la Humanidad. Una de ellas ha sido el compartir la pasión por llevar la música a todos los confines de la tierra, así como componer, producir e interpretar magníficas piezas musicales con ayuda de la tecnología. Plataformas como Facebook y Zoom, entre otras, han permitido concretar esto. ¿Dónde han aprendido tan brillantes músicos? Seguramente muchos de ellos descubrieron su talento, gracias a los juegos de Karaoke, los videos de Youtube y los sistemas digitales de grabación.

Cada vez son menos los músicos formados al estilo tradicional, como se dio en la Edad Media europea: con la tutoría de grandes compositores e intérpretes, que hace siglos eran cercanos a los reyes y los zares. Entonces para poder disfrutar de la música en vivo era indispensable estar cerca de la Corona y de los ceremoniales y fiestas. Pero las cosas han cambiado, y además de que estos magistrales compositores ya no viven, la música dejó de ser un privilegio de ricos que podían pagar su propio maestro de música.

El resto -y mayoría- de quienes disfrutan y viven de la música lo han hecho gracias al desarrollo industrial, que facilitó la manufactura para la construcción de instrumentos musicales, y la tecnología análoga que permitió reproducirla en discos, grabadoras, casetes y otros formatos, que popularizaron la música, a tal punto que pasó a ser un “arte curricularizado”, o plan de estudios en importantes instituciones de educación superior de carácter presencial.

Ahí se dieron importantes pasos. Se demostró que, si bien muchas de las composiciones se han concebido por la inspiración de algunos, es posible lograr óptimas producciones musicales, en sus diversas expresiones, a través de un riguroso y disciplinado estudio de canto y composición, del conocimiento de los instrumentos, de la producción, la escritura y la práctica, entre otros muchos componentes de la música, que convirtieron el arte de la música en una ciencia.

Y así se fue dando, hasta que la tecnología, de la mano de la educación a distancia, posibilitó que el aprendizaje musical fuera una realidad para todos, en cualquier momento, lugar y a su propio ritmo.

Lo visto en nuestros celulares y televisores en esta época de pandemia, lo confirma: magistrales interpretaciones musicales, no necesariamente en grandes estudios, aulas universitarias ni conservatorios.

La virtualidad en la educación ofrece al aprendiz musical posibilidades infinitas de repetir sus interpretaciones, de grabarlas en distintos formatos, de escucharlas, de editarlas y mejorarlas, de compartirlas con sus amigos, familia y docentes, de innovar con instrumentos y compañeros, de medir el progreso de forma objetiva, de articular con otros y de hacer demos, entre otras muchas posibilidades.

Mucho de esto, en el modelo de enseñanza tradicional no es viable y, por ende, dicho aprendizaje está limitado y condicionado.

En esta época de pandemia, en la que los programas presenciales han tenido que usar herramientas tecnológicas y de virtualidad para enseñar, que las redes sociales han demostrado que la música es una oportunidad para todos, sin exclusiones ni favoritismos, y que softwares de creación musical como, Phonascus, Lenmus, EarMaster, PlayPerfect, Incredibox, ScoreCLoud, Auditool, MakeMusic… (entre centenares que hay), además de los juegos y Apps que sirven para ello, demuestran que la crítica de que no es posible comparar el aprendizaje de la música de forma presencial con el virtual es cierta, pues el aprendizaje virtual, en este momento de la Humanidad, supera por mucho al presencial.

Para terminar, una promoción: ¿ya conocieron las características del programa Profesional de Música de la UNAD?. Allí se muestra el trabajo que hemos hecho en la Universidad para formar en ambientes virtuales de aprendizaje que promueven el aprendizaje autónomo, significativo y colaborativo. Vale la pena no quedarse atrás en el tiempo.

Y así, como ahora lo explico hoy con lo que pasa con Música, pasa con otras disciplinas erróneamente cuestionadas por algunos ortodoxos de la educación presencial tradicional. En próximos escritos de “El Rector opina” profundizaré el tema.

 

Atentamente,

Jaime Alberto Leal Afanador

Rector

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